11 de abril de 2012

NANA

Hoy llueven granizos como casas sobre la delicadeza de sus corazones. Cuando se han secado las humedades que ellos provocaban en su lencería. Se juntan escusadas entre los bordados que entretejen las dos mujeres.
Asoma una canción (…Que tenía en penumbra nuestro rincón, en aquel salón... Con dos cubiertos y tu canción, y con tus flores en el jarrónnn…) y se confiesan, que arropadas en la desnudez de sus brazos dormían a sus bebes entre la felicidad y la dulzura de las tonalidades con las que ensamblaban esas notas. Con orgullo aún lo sueñan, y aún lo lucen en lo más alto de sus torreones.
Conocen que llega el tiempo en el que se acunen en otros brazos para descubrir esa realidad de sus vidas mientras sus madres las añoran. Permitiendo poner la ficha más importante de la vida de sus pequeñas en esa ruleta que a ellas se les tornó amarga mientras se aferran al recuerdo de momentos eternamente dulces.
Se preguntan que les hizo a sus maridos perder la confianza en quien se les entregan sin condición alguna. Que no hicieron bien. Aun así, sonríen, respiran hondo y sin deseos de olvidar el sentimiento de amor tan lindo que perdura en sus corazones, emprenden otro camino. Nunca les importaran los baches o las caídas. Se alzan sensuales para entregarse todas en una nueva apuesta de este casino. Sus fragancias entremezcladas empapan de ternura el ambiente. Quien fuera el afortunado.


JOSÉ CHINCHILLA LÓPEZ

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