11 de mayo de 2016

TU GUIÑO

La derrota puede más que el entusiasmo. La realidad más que los sueños. No caven en la mano todos los caramelos del bote.
El gorrión exaltado no para de piar y dar pasadas en el callejón. Alarma. Al fondo, la sombra da un salto y muestra el porqué. Un gurriato cansado camina a nivel de calle buscando cobijo, mientras sus progenitores sufren la peligrosidad. Dejar de ser presa fácil. Volar ya. Salvarse.
El terror hace retroceder. Pero no, cumplida está su función y arranca otra etapa. Saltó del nido, no va a regresar a su amparo. Recular somete a la familia a unos pesados barrotes.
Solamente cave empujar las alas con más empeño. Hacerte fuerte. Vencer el miedo.
Como tú ahora, como este pajarillo, como yo en otro tiempo. Aprendes, siempre aprendes. Exploras como planear más alto y más veloz. Bajar a la tristeza del cimiento de los miedos, solo, es el paso para volver a tomar impulso y rizar los giros más increíbles, los más difíciles.
Asustas cuando dices que te gusto más que otros amaneceres. Haces de mi piel tu libro en blanco. De mi excitación tu catecismo. Aparto la responsabilidad que administramos, sueño el deseo que jamás enganchó mi vida o la tuya. Un latido brusco, dibuja, con la leve llamada de tus labios. Mi descaro para encontrarte y bordarte sin temer consecuencias. Las veces que mire tus piernas debajo de tu falda. O sonría imaginando tu boca rosada encendiéndose tan cerca. Nunca ocurre. El futuro pasaría factura. No pagamos la culpa malvada, sí la inocencia de abortar el intento.
Aumenta la oscuridad de nuestra distancia. Crece con la paciencia que la humedad convierte el acero en herrumbre de desguace. Apenas frena en el momento que
 levantamos la miradas para entender que el sol no entiende de corazones, ni la luna de desgarros. Y te pienso necesitada, pero invicta entre otros brazos.
Eres la razón. Tu corazón sigue encendido. Añora las brasas que lo calientan y el calor compartido que alimenta su pasión. Esta noche, lo posible, no se descubre. Mañana, tal vez. La mecha que prende tan vigorosa debe ser otra.
JOSÉ CHINCHILLA LÓPEZ

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